43 Ayotzinapa students disappeared in Mexico
Myriam Hernandez

(English/Spanish)

43 image
Image source: dorsetchiapassolidarity.wordpress.com

Like an earthquake, the national and international mobilizations for the 43 Ayotzinapa students, disappeared on September 26 in Iguala – Guerrero, have deeply unsettled Mexican society.  Faced with the horror of this tragedy, the country has been forced to react. In moments like this, the collective memory is shaken, reminded that violence is not something of the past, that there is still an open wound.

The solidarity with Ayotzinapa expresses the accumulated pain, the weariness from lack of social peace that is tearing the souls of many. The common factor between the night of Iguala and the night of Tlatelolco (1968)?  State terrorism.

The expression of such indignation can only be understood as the accumulation of many other affronts that have taken place during the past 20 years.  It is for this that Ayotzinapa acquires great significance.  Tired of impunity, Mexican society – from its different social spheres – seeks change.

In political terms and for multiple reasons, the many mass protests that have taken place since the inauguration ceremony of current Mexican president, Enrique Peña Nieto, although useful, have been missed opportunities.

I want to trust that this time around it will be different and that the height reached in social networks and alternative media, that the energy and enthusiasm of young people gives rise to a needed and lasting hope, although I wonder if the enthusiasm of many will wear out as in the several missed opportunities of the recent past.

Omar Garcia, a 25 year-old student of the Rural Normal School of Ayotzinapa – Guerrero, asks: “What would happen if soon, hopefully not, it is confirmed that the remains found in the mass graves are of our 43 fellow students detained and disappeared? Would their parents give them burial in the cemetery and that’s it? Do the authorities think they could buy their dignity? Are we going to stand idly by? ”

He asks defiantly: “What would happen if the now former Mayor of Iguala, Jose Luis Abarca, his superiors and accomplices are arrested and sentenced? Are we going to demobilize? What if the governor Angel Aguirre resigns, what good is this? This can also paralyze us. What if Mr. Enrique Peña Nieto says that everything is clarified and resolved? We cannot allow any of these possible scenarios to halt this movement that is just gaining momentum. ”

I wish we could answer his questions and tell Omar: Never again a Mexico without all of you.

Our society should be relentless in demanding from the government of Mexico the return of the 43 students – alive. We should demand an explanation as to why they use the police forces and the army to repress social movements.

It took Mr. Peña Nieto seven days to order the search for these young men. I wonder if the disappeared had been his daughters, would he have taken so long? Or did the whereabouts of these young students not seem alarming enough for Mr. Peña Nieto?  He waited more than a month before bothering to meet with the parents and apparently he did so only when compelled by social pressure and as a frivolous formality of a president.

All of those at the top should be reminded that the dignity and rage of those parents deserve much more respect than they think and that we will only speak of justice when they account for the 29,707 cases of forced disappearances, according to official figures reported from January 2006 to July 2014 which strikingly odd as it is, no one has been sentenced for these crimes.

So far, the parents of the disappeared students do not accept the results of the investigation made public by the Attorney General of Mexico which is based on the statements of two individuals (who may have been tortured to make false statements). This is not sufficient proof to ascertain that these young people are no longer alive. The parents deserve to be presented with irrefutable evidence, that the appropriate technological tools be made available for the investigation and that the Attorney allows the Argentine forensic team, in whom the relatives have placed their trust, to present their findings.

The people of Mexico need to ingrain in our memory that the case of Ayotzinapa was not the product of out of control criminal activity but the act of a repressive state. If the government of Peña Nieto does not want to admit that the bloody repression in Iguala was a state crime (as evidenced by the testimony of the survivors), this would prove that he has no political will to get to the bottom of the problem and that not even his resignation would be enough.

Nothing can justify the brutal attack on these young people aged between 16 and 20 years, sons of poor peasants and indigenous people who dreamt of becoming rural teachers. … Nothing else will save Mexico if so many tragedies are not enough to articulate and build a massive demand for justice.

#HayQueContagiarLaEsperanza
Por: Myriam Hernandez

Las movilizaciones nacionales e internacionales por el caso de 43 estudiantes de Ayotzinapa, desaparecidos el 26 de septiembre en iguala, Guerrero han sido como uno de esos terremotos en los que la sociedad mexicana queda perpleja ante el horror y se ve obligada a reaccionar ante la tragedia. En momentos así,  la memoria colectiva se ve sacudida y recuerda que la violencia no es cosa del pasado, que sigue ahí como herida abierta en la piel.

 Source: http://ayotzinchicago.com
Source: http://ayotzinchicago.com

La solidaridad con Ayotzinapa  expresa ese dolor acumulado, ese hartazgo por la falta de paz social que está en muchas(os) a punto de reventarles el alma.  La Noche de Iguala y la  Noche de Tlatelolco (1968), el factor común: Terrorismo de Estado. La expresión de tanta indignación solo puede ser entendida como la acumulación de muchos otros agravios ocurridos durante los últimos 20 años.  Por esta razón Ayotzinapa adquiere un gran significado, la sociedad mexicana está cansada de tanta impunidad, busca cambios desde los diferentes ámbitos sociales.

Desde la ceremonia de imposición del actual inquilino de Los Pinos, Enrique Peña Nieto, se han hecho varias protestas masivas que en términos políticos se diría que han dejado pasar el momento. Esto se debe a varias causas y no quiere decir que dichas movilizaciones han sido del todo desaprovechadas.
Quisiera confiar en que esta vez será diferente y que ese auge en las redes sociales, en los medios alternativos, en la energía y entusiasmo de los jóvenes que dan para mantener en alto la esperanza, esa que ya no deberíamos volver a perder.  En los últimos años han sido varias las oportunidadesque se han dejado pasar, me pregunto si  muchos se volverán a cansar.

Me llama la atención la opinión de Omar García, 25 años, guerrerense, estudiante de la Normal Rural de Ayotzinapa, se pregunta: “¿Y qué va a pasar si dentro de poco, ojalá y no, se confirma que los restos encontrados en las fosas de Iguala son nuestros 43 compañeros detenidos-desaparecidos? ¿Sus padres les van a dar sepultura en el camposanto y ya? ¿Creen que van a poder comprarles su dignidad? ¿Nos vamos a quedar de brazos cruzados?”

Desafiante: “¿Y qué va a pasar si detienen y sentencian a José Luis Abarca y a sus jefes y cómplices? ¿Nos vamos a desmovilizar? ¿Y si renuncia el gobernador Ángel Aguirre, de qué nos sirve? Eso también nos puede paralizar. ¿Qué pasa si el señor Enrique Peña Nieto dice que ya todo está aclarado y resuelto? Lo que tenemos que hacer es que nada de eso frene a este movimiento que apenas está tomando impulso”.

Quisiera que todos le pudiéramos responder a Omar sus interrogantes y decirle: Nunca más un México sin ustedes.

La sociedad no debería parar de exigirle al gobierno de México la aparición con vida de los 43 estudiantes o de lo contrario que explique por qué se utiliza a los cuerpos policiacos y al ejército para reprimir a los movimientos sociales.

El Sr. Peña Nieto se tardó siete días ordenar el inicio de la búsqueda de los muchachos, y yo pregunto  ¿y si hubieran sido sus hijas se hubiera tardado tanto? ¿Acaso no le pareció una situación alarmante al Sr. Peña Nieto el paradero de esos jóvenes? Dejó pasar más de un mes antes de tomarse la molestia de recibir a los padres de familia y al parecer, más obligado por la presión social  y como frívola formalidad de mandatario de estado. A todos los de arriba habría que recordarles que la dignidad y rabia de dichos padres merecen mucho más respeto de lo que ellos piensan y solo podríamos hablar de justicia cuando nos rindan cuentas de los 29,707 casos de desapariciones forzadas, que según cifras oficiales se reportaron de enero del 206 a julio del 2014 y que curiosamente llama la atención que a nadie se le ha sentenciado por este delito.

Los padres de familia de los jóvenes desaparecidos hasta ahora no aceptan que los resultados de la investigación que dio a conocer el encargado de la procuración de justicia de México que basada en las declaraciones de dos individuos (a quienes se les pudo haber torturado para fabricar culpables) sea la prueba fehaciente de que ya no están con vida los muchachos. Los padres de familia merecen que se les muestren pruebas irrefutables, que en la investigación se utilicen de instrumentos tecnológicos adecuados y que se esperen los resultados del equipo forense argentino en quienes los familiares han depositado su confianza.

México se tiene que grabar en la memoria que el caso Ayotzinapa no fue producto del descontrol delictivo sino de un acto represivo del Estado. Si el gobierno de Peña Nieto no quiere admitir que la sanguinaria represión en Iguala fue un crimen de Estado (como lo prueba el testimonio de los sobrevivientes) estará probando que no tiene voluntad política para llegar al fondo del problema y no bastaría ni siquiera con su renuncia al cargo. Nada puede justificar el brutal ataque en contra de jóvenes de entre 16 y 20 años que soñaban con llegar a ser maestros rurales, hijos de campesinos e indígenas pobres.… Si tantas desgracias no son suficientes para articular y construir una masiva exigencia de justicia, no habrá nada que salve a México.

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